Hace unos días volvía a una pregunta que me ronda la cabeza desde la audiencia pública minera realizada hace casi cuatro meses en Riofrío, Valle del Cauca: ¿qué pasará cuando corra la última gota de agua por el río Riofrío?

La pregunta me llevó de regreso a la infancia. A los años noventa, cuando visitar el río con la familia y los amigos era uno de esos planes que no necesitaban mucha planeación: refrescarnos en sus aguas, jugar, caminar por sus orillas y, algunas veces, terminar el día compartiendo un sancocho de gallina. Recuerdo un río caudaloso, incluso intimidante. Entrar en sus aguas era sentir de inmediato su fuerza.

Hoy, mirar el río produce una sensación distinta. Su caudal ha disminuido y verlo así genera tristeza, pero también una responsabilidad. Porque quedarse observando cómo se deteriora el río que ha acompañado nuestras vidas no puede ser una opción.
Riofrío tiene una riqueza ambiental que pocas veces dimensionamos. Una parte de su territorio hace parte del Parque Natural Regional Páramo del Duende, declarado en 2005 por la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca y considerado uno de los páramos menos intervenidos del mundo. El municipio cuenta, además, con nueve ríos: Cauca, Riofrío, Cuancua, Piedras, Volcanes, Tesorito, Limones, Río Lindo y Culebras. A esto se suman las microcuencas de los ríos Riofrío y Piedras, amplias zonas de reserva de la sociedad civil y ecosistemas protegidos de gran importancia, como los presentes en el corregimiento de Fenicia1.

Además, se puede reconocer algo evidente para quienes habitamos y conocemos este territorio: Riofrío concentra una riqueza y una diversidad de fuentes de agua extraordinarias en relación con el tamaño de su territorio.

Por eso resulta difícil entender la poca reacción que, en buena parte de la comunidad, generó la audiencia pública minera realizada por la Agencia Nacional de Minería (ANM) en mayo de este año. En ella se presentaron cuatro polígonos que estaban en consulta, algunos ubicados en zonas de especial importancia para la conservación de los ecosistemas y, particularmente, para la protección del agua2.

No se trata de oponerse a cualquier actividad por principio. Se trata de preguntarnos qué actividades son compatibles con el territorio que tenemos y con el agua que necesitamos para vivir.

También debemos preguntarnos qué responsabilidad tenemos como comunidad. Es fácil indignarse desde las redes sociales, cuestionar las decisiones que afectan nuestros territorios o señalar a quienes consideramos responsables de su deterioro. Lo difícil es dar un paso adelante cuando se necesita participación, organización y acción colectiva.

La defensa del territorio no puede quedarse en una opinión publicada desde la comodidad de la casa. Si sabemos lo que está en juego, también tenemos que asumir nuestra parte de responsabilidad.

En la audiencia de mayo, uno de los polígonos que generó mayor preocupación fue el OG2-082917, especialmente para las comunidades de la zona alta del municipio. No es una preocupación nueva. Riofrío, Yotoco y Calima ya habían unido esfuerzos para oponerse a un proyecto que pretendía realizar actividades de extracción de oro, plata, platino y otros minerales y metales3. En esta ocasión, la empresa no se presentó a la audiencia y presentó la documentación correspondiente para aplazar el proceso en su etapa precontractual.

La preocupación aumenta por la cercanía de este polígono con la zona de amortiguamiento del Páramo del Duende, un ecosistema fundamental para la riqueza ambiental e hídrica de nuestro municipio.
Pero hay otro asunto que es de gran preocupación: la protección del río Riofrío frente a los polígonos relacionados con la extracción de materiales de construcción.

El polígono 501357, actualmente en evaluación, contempla la extracción de arena a mediana escala4 en un área de 260,70 hectáreas. A pocos metros se encuentra el título JGA-08471, que ya está en etapa de explotación y comprende 184,66 hectáreas. En conjunto, estamos hablando de aproximadamente 445 hectáreas vinculadas a una misma persona jurídica en un área cercana al río.

Esto también tiene consecuencias para quienes históricamente han desarrollado allí actividades de minería tradicional y que hoy enfrentan dificultades para continuar con una labor que durante años ha hecho parte de la dinámica del territorio.

Como concejal del Partido Alianza Verde, durante las cuatro fases de la etapa precontractual de la Audiencia Pública Minera he defendido la protección de la vida y del territorio utilizando las herramientas que tenemos a nuestro alcance. Una de ellas es el Esquema de Ordenamiento Territorial (EOT), junto con las normas ambientales que permiten dar este debate desde los argumentos y las reglas que deben orientar las decisiones sobre nuestro territorio.

Durante la etapa de concurrencia dejamos una preocupación concreta: la información presentada ante la ANM no incorporaba toda la cartografía necesaria para reconocer elementos fundamentales del territorio, entre ellos las características agrológicas de los suelos, los retiros correspondientes a las franjas protectoras de las rondas hídricas y las zonas de protección ambiental reconocidas en el ordenamiento territorial.

Esto no es un asunto menor. Cuando hablamos de minería, estamos hablando también de agua, de ecosistemas, de actividades económicas, de comunidades y de las posibilidades que tendrá el territorio en el futuro.

Y aquí regreso a la pregunta con la que empecé: ¿qué pasará cuando corra la última gota de agua por el río Riofrío?

Tal vez para entonces será demasiado tarde para preguntarnos qué pudimos haber hecho.

Dentro de veinte años no quisiera estar frente a lo que quede del río pensando que debimos haberlo cuidado cuando todavía estábamos a tiempo. No quisiera que nuestros hijos y quienes vengan después tengan que conocer el Riofrío únicamente por las historias que nosotros les contemos: aquel río al que íbamos de niños, donde nos bañábamos, donde compartíamos con nuestras familias y que alguna vez parecía imposible de agotar.

Todavía estamos a tiempo de actuar.

Cuidar el río no es responsabilidad exclusiva de un concejal, de una administración municipal o de una autoridad ambiental. Tampoco basta con expresar preocupación cuando una decisión ya está tomada. La defensa del agua requiere ciudadanas y ciudadanos informados, comunidades organizadas y autoridades que hagan valer las normas que protegen el territorio.

Si queremos seguir disfrutando de las aguas de nuestro río, es hora de dejar de preguntarnos solamente qué está pasando y empezar a preguntarnos qué podemos hacer para evitar que sea demasiado tarde.

Porque cuando llegue la última gota, ya no habrá nada que defender.

Edwin Sabogal – Concejal de Riofrío Valle del Cauca
Centro de Pensamiento

1 Grupo Semillas. (2022). Conservación y uso sostenible de los bienes comunes, derechos colectivos sobre los territorios y soberanía alimentaria. (p. 57).
https://swissaid.org.co/wp-content/uploads/2022/09/revista-semillas-79.pdf#20#16

2Alcaldía Municipal de Riofrío en Valle Del Cauca. (2026). Riofrio-Valle.Gov.Co. https://riofriovalledelcauca.micolombiadigital.gov.co

3Agencia Nacional de Minería. (2021). AUTO GCM N° 00230 de 13 de diciembre de 2021.
https://www.anm.gov.co/sites/default/files/DocumentosAnm/auto-yotoco-suspension-0230-13-diciembre-2021.pdf#1#1

4Agencia Nacional de Minería. (2020). ESTADO PAR CALI N° 70-20 DEL 11-12-20. https://anm.gov.co/sites/default/files/atencion_minero/ESTADO%20PAR%20CALI%20No.%2070-20%20DEL%2011-12-20.pdf#7#4